MÁS UTOPÍAS: TOLERANCIA, AMOR, PERDÓN RENUNCIA...
Las personas
que siguen mis artículos conocerán sobradamente cuanto me gusta hablar de
“utopía”. El vocablo utopía es considerado como algo denostado como ilusorio,
imposible de lograr, imaginario, propio de alucinaciones y de gente poco cabal
y con sus esquemas mentales mal estructurados. Esto viene siendo así porque
todo aquello que ha querido modificar o transformar el tristemente llamado “buen
orden establecido”, se ha considerado absurdo, anarquista e intrínsecamente
nefasto. Ese buen orden establecido por
los que “tenían”, “podían” y “eran” y que servía para subyugar, sojuzgar,
avasallar, doblegar, intimidar y pisar al resto de los que ni “tenían”, ni
“podían” ni “eran”.
El concepto utopía
designa la proyección humana de un mundo idealizado que se presenta como
alternativo al mundo realmente existente, ejerciendo así una crítica sobre
éste. El término fue concebido por Santo Tomás Moro donde Utopía es el nombre dado a una comunidad
ficticia cuya organización política, económica y cultural contrasta en
numerosos aspectos con las sociedades humanas contemporáneas a Tomás Moro. Sin
embargo, aunque el término fue creado por él, el concepto subyacente es
anterior. En la misma obra de Moro puede observarse una fuerte influencia e
incluso directa referencia a La República
de Platón obra que presenta asimismo la descripción de una sociedad idealizada,
de esto último hace ya 2400 años. Quizá Platón y Tomás Moro no fueran
reprobables, artificiosos, irreales, ilusorios, ciegos, ofuscados, insensatos,
hippies... como somos considerados los que hablamos ahora de utopía.
El devenir de
los siglos convirtió las utopías en realidades inalienables: La libertad de
expresión, que era utópica antes del siglo XVIII; la abolición de la esclavitud
antes del siglo XIX; el derecho al voto de la mujer, el descanso dominical de
los trabajadores o las vacaciones pagadas antes del siglo XX. Tan sólo por
citar unos ejemplos sencillos. Por tanto todo progreso y evolución que mira al
futuro para el bien del ser humano, ha sido considerado una utopía, algún siglo
antes.
¿Qué realidades
existen hoy de manera álgida y que hay que desmantelar con nuevas utopías:
Que la crisis
económica que nos invade ha de ser superada con el esfuerzo de todos, en vez de
con el esfuerzo de quienes la provocaron (políticos, especuladores salvajes,
Bancos, autoridades monetarias, corruptos...). Que esa crisis la han de pagar
los que arruinan a la sociedad, pensionistas, enfermos, trabajadores... Se
habla ahora de mini trabajos, unas pocas horas semanales de trabajo a cambio de
una limosna, antes ya habló cierta ministra de mini viviendas de 20 m2
y mi pregunta es ¿para cuándo los mini beneficios en las empresas, esas que
superan los mil millones de euros anuales y para nada dedican al bien social,
pagando menos impuestos que una gran mayoría de los trabajadores? ¿Para cuándo
los mini salarios de los políticos (12.000 € al mes un eurodiputado, casi 6.000
un diputado o un senador, de promedio entre 4.000 y 6.000 una alcalde de una
ciudad media) ¿para cuándo suprimimos coches oficiales? en Estados Unidos, la
proporción es de un coche oficial cada 63.000 habitantes; en España es de un
coche oficial cada 5.000 habitantes. ¿Acaso los griegos tiene la culpa que sus
dirigentes -tanto de la izquierda como de la derecha- lleven doce años
falseando las cuentas nacionales y despilfarrando los impuestos de los
ciudadanos? entonces porqué reciben ellos la sanción de despidos, rebajas de
salarios, incremento de horas semanales de trabajo, pérdida de conquistas
sociales...
Este año los
mayores galardones sociales y humanos, premio nobel de la paz, premio a los
derechos humanos, etc... han sido concedidos a personas que se han distinguido
por utópicas, principalmente a quienes lucharon por la liberación de la mujer
en África y a los que pusieron su vida en juego para promover la primavera
árabe. También los indignados, que a veces, no han presentado la estética ni
las formas más coherentes en sus reivindicaciones, han sido valientes y han
dicho a voces en la calle lo que casi todos pensamos: ¡Basta ya! En el plano
laboral nos hemos conformado con los empleos precarios, jornadas parciales,
contratos temporales. Los pensionistas se han resignado a perder poder
adquisitivo. Los funcionarios aceptan de buen grado los recortes salariales.
Los trabajadores en general han asumido los Expedientes de Regulación de
Empleo... Todos hemos asumido nuestra parte de latigazo y castigo
correspondiente.
Es, en
definitiva los retazos de una sociedad gravemente enferma y hedionda, donde no
cabe el amor ni la tolerancia; donde el odio en silencio es el vehículo más
utilizado; una sociedad en que nadie está dispuesto a renunciar a nada por
nadie; es el culmen máximo del egoísmo y la explotación del ser humano por
parte de todos; es la sociedad de falta de ilusiones, de falta de sonrisas, de
falta de emociones, de falta de amor. Y mientras el mundo está dirigido por 350
personas, que son los que mas “son”, “tienen” y pueden”, el resto 7000 millones
se debaten, unos entre la hambruna, el dolor y el llanto, otros en ver pasar la
vida, algunos en deleitar los mas suntuosos placeres y casi todos olvidando que a veces una sola palabra de aliento, de
cariño, una caricia, una sonrisa, es suficiente para transformar un mundo
agnóstico y sin amor, en un mundo lleno de Dios y esperanza. Esta es mi utopía,
mi mundo ideal.
Jesús Gil Benítez

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