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viernes 16 de diciembre de 2011

MÁS UTOPÍAS: TOLERANCIA, AMOR, PERDÓN RENUNCIA...


Las personas que siguen mis artículos conocerán sobradamente cuanto me gusta hablar de “utopía”. El vocablo utopía es considerado como algo denostado como ilusorio, imposible de lograr, imaginario, propio de alucinaciones y de gente poco cabal y con sus esquemas mentales mal estructurados. Esto viene siendo así porque todo aquello que ha querido modificar o transformar el tristemente llamado “buen orden establecido”, se ha considerado absurdo, anarquista e intrínsecamente nefasto. Ese buen orden establecido por los que “tenían”, “podían” y “eran” y que servía para subyugar, sojuzgar, avasallar, doblegar, intimidar y pisar al resto de los que ni “tenían”, ni “podían” ni “eran”.

El concepto utopía designa la proyección humana de un mundo idealizado que se presenta como alternativo al mundo realmente existente, ejerciendo así una crítica sobre éste. El término fue concebido por Santo Tomás Moro  donde Utopía es el nombre dado a una comunidad ficticia cuya organización política, económica y cultural contrasta en numerosos aspectos con las sociedades humanas contemporáneas a Tomás Moro. Sin embargo, aunque el término fue creado por él, el concepto subyacente es anterior. En la misma obra de Moro puede observarse una fuerte influencia e incluso directa referencia a La República de Platón obra que presenta asimismo la descripción de una sociedad idealizada, de esto último hace ya 2400 años. Quizá Platón y Tomás Moro no fueran reprobables, artificiosos, irreales, ilusorios, ciegos, ofuscados, insensatos, hippies... como somos considerados los que hablamos ahora de utopía.

El devenir de los siglos convirtió las utopías en realidades inalienables: La libertad de expresión, que era utópica antes del siglo XVIII; la abolición de la esclavitud antes del siglo XIX; el derecho al voto de la mujer, el descanso dominical de los trabajadores o las vacaciones pagadas antes del siglo XX. Tan sólo por citar unos ejemplos sencillos. Por tanto todo progreso y evolución que mira al futuro para el bien del ser humano, ha sido considerado una utopía, algún siglo antes.

¿Qué realidades existen hoy de manera álgida y que hay que desmantelar con nuevas utopías:

Que la crisis económica que nos invade ha de ser superada con el esfuerzo de todos, en vez de con el esfuerzo de quienes la provocaron (políticos, especuladores salvajes, Bancos, autoridades monetarias, corruptos...). Que esa crisis la han de pagar los que arruinan a la sociedad, pensionistas, enfermos, trabajadores... Se habla ahora de mini trabajos, unas pocas horas semanales de trabajo a cambio de una limosna, antes ya habló cierta ministra de mini viviendas de 20 m2 y mi pregunta es ¿para cuándo los mini beneficios en las empresas, esas que superan los mil millones de euros anuales y para nada dedican al bien social, pagando menos impuestos que una gran mayoría de los trabajadores? ¿Para cuándo los mini salarios de los políticos (12.000 € al mes un eurodiputado, casi 6.000 un diputado o un senador, de promedio entre 4.000 y 6.000 una alcalde de una ciudad media) ¿para cuándo suprimimos coches oficiales? en Estados Unidos, la proporción es de un coche oficial cada 63.000 habitantes; en España es de un coche oficial cada 5.000 habitantes. ¿Acaso los griegos tiene la culpa que sus dirigentes -tanto de la izquierda como de la derecha- lleven doce años falseando las cuentas nacionales y despilfarrando los impuestos de los ciudadanos? entonces porqué reciben ellos la sanción de despidos, rebajas de salarios, incremento de horas semanales de trabajo, pérdida de conquistas sociales...

Este año los mayores galardones sociales y humanos, premio nobel de la paz, premio a los derechos humanos, etc... han sido concedidos a personas que se han distinguido por utópicas, principalmente a quienes lucharon por la liberación de la mujer en África y a los que pusieron su vida en juego para promover la primavera árabe. También los indignados, que a veces, no han presentado la estética ni las formas más coherentes en sus reivindicaciones, han sido valientes y han dicho a voces en la calle lo que casi todos pensamos: ¡Basta ya! En el plano laboral nos hemos conformado con los empleos precarios, jornadas parciales, contratos temporales. Los pensionistas se han resignado a perder poder adquisitivo. Los funcionarios aceptan de buen grado los recortes salariales. Los trabajadores en general han asumido los Expedientes de Regulación de Empleo... Todos hemos asumido nuestra parte de latigazo y castigo correspondiente.

Es, en definitiva los retazos de una sociedad gravemente enferma y hedionda, donde no cabe el amor ni la tolerancia; donde el odio en silencio es el vehículo más utilizado; una sociedad en que nadie está dispuesto a renunciar a nada por nadie; es el culmen máximo del egoísmo y la explotación del ser humano por parte de todos; es la sociedad de falta de ilusiones, de falta de sonrisas, de falta de emociones, de falta de amor. Y mientras el mundo está dirigido por 350 personas, que son los que mas “son”, “tienen” y pueden”, el resto 7000 millones se debaten, unos entre la hambruna, el dolor y el llanto, otros en ver pasar la vida, algunos en deleitar los mas suntuosos placeres y casi todos olvidando  que a veces una sola palabra de aliento, de cariño, una caricia, una sonrisa, es suficiente para transformar un mundo agnóstico y sin amor, en un mundo lleno de Dios y esperanza. Esta es mi utopía, mi mundo ideal.

Jesús Gil Benítez