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jueves 15 de septiembre de 2011

FEUDALISMO, AYER HOY Y SIEMPRE


Se entendía como feudalismo aquella organización socio-política basada en posesiones de fincas y terrenos enormes, que eran propiedad del amo, una especie de caudillo soberano en sus predios. Estos terrenos, en parte eran para caza y recreo de los nobles y además eran cultivados por siervos que pagaban un impuesto en especie o moneda, en concepto de arriendo o porque era el antojo del que “Era, podía o tenía”, o sea, del amo; el amo normalmente era un noble que a su vez era siervo de un rey. El amo tenía todos los derechos sobre su servidumbre, todos, humanos e inhumanos, era dueño de sus vidas, de sus familias, de sus míseras haciendas, de su voluntad, de sus contratos sociales, de todo... El amo era administrador, juez y militar, tenía todos los poderes. Aun cuando esto tuvo pleno auge en la edad media, siempre existió con diferentes nombres y así siguió hasta el día de hoy.

El marxismo denunció esta forma de relación social y en algún país realizó una revolución en que implantó un nuevo feudalismo al que llamó comunismo, pero en esencia era exactamente igual al anterior.

Hay quien dice que resurgió con fuerza en el siglo V, tras la caída del imperio romano, puede ser que cobrase nuevo ímpetus paro ya existía y siguió perdurando. Aunque algo le faltaba al señor feudal para ser todopoderoso el apoyo de la Iglesia y así en los concilios de Charroux, de Narbona y de Puy, en torno al año 1000, consagran a los prelados y a los señores feudales como jefes sociales y sanciona con graves penas la desobediencia de estas normas. Por tanto los señores feudales reciben su poder directamente de Dios. Cierto es que en estos concilios lo que realmente se buscaba era la paz entre los distintos feudos, pero fuera como fuese, los señores pasaron a ser autoridad religiosa y además adquieren el compromiso de salvaguardar a los religiosos que vivan bajo su amparo, poniendo sus ejércitos a su servicio.

Vasallo era una categoría más que siervo y siervo más que esclavo, para ser vasallo se efectuaba una ceremonia por la cual éste se arrodillaba, colocaba sus manos entre las de su amo (inmixtio manum) y declaraba: Señor me hago vuestro hombre. El amo cerraba las manos sobre las de su vasallo en señal de aceptación y le besaba. Más o menos parecido como ahora, cuando un presidente de gobierno o un ministro jura o promete ante el rey una serie de tontunas.

Esta parte de la historia se siguió repitiendo y se reproduce exactamente en la actualidad, en el mundo, en Europa y por supuesto en España, eso si con caras nuevas y modismos más sofisticados y estudiados: Los siervos y esclavos son ahora las minorías; los pobres; los que queman su vida con trabajos penosos; los trabajadores y trabajadoras con empleos precarios y sin seguridad laboral, con jornadas extenuantes; los hambrientos; los famélicos; los que carecen de cultura y educación; jóvenes rebosados de fracaso escolar desbordados por la anticultura televisiva y social; los que viven en infraviviendas; quienes ni prostituyéndose llegan a final de mes; los que no tienen acceso no sólo a ningún lujo, sino ni tan siquiera a una forma de vida decente; los pensionistas que ganan una miseria (la gran mayoría); los sancionados por leyes anacrónicas e injustas; las madres que al acostarse lloran pensando en ¡Qué será de sus hijos!; quienes hastiados de todo se entregan al alcohol como única solución; esas 3500 personas que anualmente se suicidan en España; aquellos que llevan años en el desempleo y que por su edad o cualificación ya nunca trabajarán; los que nunca ven salir el sol; los frustrados y llorosos; esos que viven aterrorizados en sus trabajos, barrios o ante la presión mediática de los políticos... Todos esos que a veces ya no encuentran sentido a su vida... Esos, todos esos son la mayoría, esclavos, siervos y vasallos. A todos ellos la democracia no les respeta ni favorece. Hoy los amos siguen siendo reyes, presidentes, alcaldes, delegados del gobierno, ministros, directores generales, directores provinciales, diputados, senadores, jefes de sindicatos, empresarios poderosos, obispos y prelados. Hoy la división horizontal de poderes, es una burla al ser humano y a la inteligencia. Nos han robado, como entonces, la dignidad, el honor, la vergüenza.

Las fuerzas de seguridad están, ante todo,  para proteger a los dignatarios en vez de defender los derechos humanos y aquellos más elementales de los ciudadanos. El hecho de que hoy haya más marginados que en la edad media y menos esclavos, es precisamente por eso, porque el que no quiere ser esclavo, se le margina. La sociedad neoliberal está orgullosa de ver lo “bien que funciona la sociedad” “su sociedad”. La sociedad hoy esta desintegrada, más que en la edad media, porque hay menos sumisión. Los poderosos, los que son y los que tienen están muy orgullosos de si mismos, menospreciando al 80% de la sociedad que es esa que he relatado hace unas líneas.

El antiguo feudal era puesto por Dios, no había manera de quejarse. Hoy lo ponen los votos, tampoco hay manera de quejarse. Casi nadie se pregunta ¿En que gastan el dinero que nos sustraen? ¿En que emplean el diezmo que pagamos? como nadie se lo preguntaba, tampoco, entonces. Simplemente se malgasta más de lo que se recauda, se dilapida y se roba y luego dicen que ha aparecido no se qué crisis y que hay que pagarla entre todos, machacar pensiones, comer menos, estudiar menos y peor y gastar menos agua porque no llega suficiente presión para regar los jardines babilónicos de los ricos. Tan sólo nos está permitido pagar, esa es la única libertad que tenemos, pagar; porque no pagar no lo tenemos habilitado, ni opinar sobre cómo queremos que se empleen nuestros impuestos.

Habrá quien este orgulloso; yo estoy avergonzado y triste, sobre todo porque nos falta el coraje para deshabilitar con nuestros votos al nuevo señor feudal, no acudiendo a las urnas o mejor votando masivamente en blanco. La democracia ha de ser algo participativo; en libertad y respeto y jamás en ignominia y podredumbre; en delincuencia política y en hundir países con solera y de una manera muy especial devolviendo la sonrisa a los siervos, esclavos y vasallos; mejor aun erradicando esas clases sociales y convirtiéndolas en seres humanos con todas sus capacidades y derechos sin merma en su contrato social, humano y natal. Trabajos dignos y con todos los derechos inherentes; educación solvente y abundante; investigación y ciencia pródiga; acceso social a una sanidad seria, honesta, rápida y eficaz; freno radical a la especulación inmobiliaria; que el millón y medio de personas que acuden todos los días a comedores sociales o a Cáritas, puedan comer con sus propios recursos; que los nueve millones de personas que están bajo el umbral de la pobreza dejen de estarlo. Que se desmonte el tinglado político feudal que nos circunda. Que podamos vivir en sencillez y con esa sonrisa que ya se nos ha olvidado como esbozar.

Jesús Gil Benítez