FEUDALISMO, AYER HOY Y SIEMPRE
Se entendía
como feudalismo aquella organización socio-política basada en posesiones de
fincas y terrenos enormes, que eran propiedad del amo, una especie de caudillo
soberano en sus predios. Estos terrenos, en parte eran para caza y recreo de
los nobles y además eran cultivados por siervos que pagaban un impuesto en
especie o moneda, en concepto de arriendo o porque era el antojo del que “Era,
podía o tenía”, o sea, del amo; el amo normalmente era un noble que a su vez
era siervo de un rey. El amo tenía todos los derechos sobre su servidumbre,
todos, humanos e inhumanos, era dueño de sus vidas, de sus familias, de sus
míseras haciendas, de su voluntad, de sus contratos sociales, de todo... El amo
era administrador, juez y militar, tenía todos los poderes. Aun cuando esto
tuvo pleno auge en la edad media, siempre existió con diferentes nombres y así
siguió hasta el día de hoy.
El marxismo
denunció esta forma de relación social y en algún país realizó una revolución
en que implantó un nuevo feudalismo al que llamó comunismo, pero en esencia era
exactamente igual al anterior.
Hay quien dice
que resurgió con fuerza en el siglo V, tras la caída del imperio romano, puede
ser que cobrase nuevo ímpetus paro ya existía y siguió perdurando. Aunque algo
le faltaba al señor feudal para ser todopoderoso el apoyo de la Iglesia y así
en los concilios de Charroux, de Narbona y de Puy, en torno al año 1000,
consagran a los prelados y a los señores feudales como jefes sociales y
sanciona con graves penas la desobediencia de estas normas. Por tanto los
señores feudales reciben su poder directamente de Dios. Cierto es que en estos
concilios lo que realmente se buscaba era la paz entre los distintos feudos,
pero fuera como fuese, los señores pasaron a ser autoridad religiosa y además
adquieren el compromiso de salvaguardar a los religiosos que vivan bajo su
amparo, poniendo sus ejércitos a su servicio.
Vasallo era una
categoría más que siervo y siervo más que esclavo, para ser vasallo se efectuaba
una ceremonia por la cual éste se arrodillaba, colocaba sus manos entre las de
su amo (inmixtio manum) y declaraba: Señor me hago vuestro hombre. El amo
cerraba las manos sobre las de su vasallo en señal de aceptación y le besaba.
Más o menos parecido como ahora, cuando un presidente de gobierno o un ministro
jura o promete ante el rey una serie de tontunas.
Esta parte de
la historia se siguió repitiendo y se reproduce exactamente en la actualidad, en
el mundo, en Europa y por supuesto en España, eso si con caras nuevas y
modismos más sofisticados y estudiados: Los siervos y esclavos son ahora las minorías;
los pobres; los que queman su vida con trabajos penosos; los trabajadores y
trabajadoras con empleos precarios y sin seguridad laboral, con jornadas
extenuantes; los hambrientos; los famélicos; los que carecen de cultura y
educación; jóvenes rebosados de fracaso escolar desbordados por la anticultura
televisiva y social; los que viven en infraviviendas; quienes ni
prostituyéndose llegan a final de mes; los que no tienen acceso no sólo a
ningún lujo, sino ni tan siquiera a una forma de vida decente; los pensionistas
que ganan una miseria (la gran mayoría); los sancionados por leyes anacrónicas
e injustas; las madres que al acostarse lloran pensando en ¡Qué será de sus
hijos!; quienes hastiados de todo se entregan al alcohol como única solución;
esas 3500 personas que anualmente se suicidan en España; aquellos que llevan
años en el desempleo y que por su edad o cualificación ya nunca trabajarán; los
que nunca ven salir el sol; los frustrados y llorosos; esos que viven
aterrorizados en sus trabajos, barrios o ante la presión mediática de los
políticos... Todos esos que a veces ya no encuentran sentido a su vida... Esos,
todos esos son la mayoría, esclavos, siervos y vasallos. A todos ellos la
democracia no les respeta ni favorece. Hoy los amos siguen siendo reyes,
presidentes, alcaldes, delegados del gobierno, ministros, directores generales,
directores provinciales, diputados, senadores, jefes de sindicatos, empresarios
poderosos, obispos y prelados. Hoy la división horizontal de poderes, es una
burla al ser humano y a la inteligencia. Nos han robado, como entonces, la
dignidad, el honor, la vergüenza.
Las fuerzas de
seguridad están, ante todo, para
proteger a los dignatarios en vez de defender los derechos humanos y aquellos más
elementales de los ciudadanos. El hecho de que hoy haya más marginados que en
la edad media y menos esclavos, es precisamente por eso, porque el que no
quiere ser esclavo, se le margina. La sociedad neoliberal está orgullosa de ver
lo “bien que funciona la sociedad” “su sociedad”. La sociedad hoy esta
desintegrada, más que en la edad media, porque hay menos sumisión. Los
poderosos, los que son y los que tienen están muy orgullosos de si mismos,
menospreciando al 80% de la sociedad que es esa que he relatado hace unas
líneas.
El antiguo feudal era puesto por Dios, no había manera de
quejarse. Hoy lo ponen los votos, tampoco hay manera de quejarse. Casi nadie se
pregunta ¿En que gastan el dinero que nos sustraen? ¿En que emplean el diezmo
que pagamos? como nadie se lo preguntaba, tampoco, entonces. Simplemente se
malgasta más de lo que se recauda, se dilapida y se roba y luego dicen que ha
aparecido no se qué crisis y que hay que pagarla entre todos, machacar
pensiones, comer menos, estudiar menos y peor y gastar menos agua porque no
llega suficiente presión para regar los jardines babilónicos de los ricos. Tan
sólo nos está permitido pagar, esa es la única libertad que tenemos, pagar;
porque no pagar no lo tenemos habilitado, ni opinar sobre cómo queremos que se
empleen nuestros impuestos.
Habrá quien este orgulloso; yo estoy avergonzado y triste,
sobre todo porque nos falta el coraje para deshabilitar con nuestros votos al
nuevo señor feudal, no acudiendo a las urnas o mejor votando masivamente en
blanco. La democracia ha de ser algo participativo; en libertad y respeto y
jamás en ignominia y podredumbre; en delincuencia política y en hundir países
con solera y de una manera muy especial devolviendo la sonrisa a los siervos,
esclavos y vasallos; mejor aun erradicando esas clases sociales y
convirtiéndolas en seres humanos con todas sus capacidades y derechos sin merma
en su contrato social, humano y natal. Trabajos dignos y con todos los derechos
inherentes; educación solvente y abundante; investigación y ciencia pródiga;
acceso social a una sanidad seria, honesta, rápida y eficaz; freno radical a la
especulación inmobiliaria; que el millón y medio de personas que acuden todos
los días a comedores sociales o a Cáritas, puedan comer con sus propios
recursos; que los nueve millones de personas que están bajo el umbral de la
pobreza dejen de estarlo. Que se desmonte el tinglado político feudal que nos
circunda. Que podamos vivir en sencillez y con esa sonrisa que ya se nos ha
olvidado como esbozar.
Jesús Gil Benítez

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