TRISTEZA DE AMOR
Es frecuente que algunos de mis lectores y lectoras me digan que siempre escribo “cosas tristes”, que hay también acontecimientos grandiosos, bellos, enternecedores... y probablemente tengan razón, pero ¡Que le vamos a hacer! si entre otras muchas cosas, mi vocación y mi llamada es remover conciencias, convulsionar los pilares de la sociedad lograr la justicia social y la libertad extrema.
Pero vamos a complacer a nuestros críticos y vamos a hablar del amor, fuente de alegría para todos y cuna de tristeza para quien ni lo tiene, ni lo ha tenido, ni probablemente lo tenga. Perdón por el punto triste pero no nos podemos conformar con hacer de la vida una película cuyo guión está escrito a nuestro antojo.
Años ha, en 1967 una hermoso tema de Manuel Alejandro, en boca de Raphael sonaba así: ...Hablemos del amor una vez más, que es toda la verdad de nuestra vida... ¿Que nos importa aquella gente que mira la tierra y no ve más que tierra?...
Por entonces, quizá algún año después, Agnes Gonxha Bojaxhiu, más conocida como Teresa de Calcuta decía: ...Ama hasta que te duela. si te duele es buena señal... el amor para que sea auténtico debe costarnos...El fruto del amor es el servicio...La paz y el amor comienzan con una sonrisa...
Un poquito anterior en el tiempo es Mahatma Gandhi que vivió para transformar el mundo y lo consiguió, estos son algunos de sus recuerdos: ...El amor es la fuerza más humilde, pero la más poderosa de que dispone el mundo... El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás el mismo respeto que se tiene por la propia... El amor es aquello que dura el tiempo exacto para que sea inolvidable...
Algunos años antes otra Teresa, Teresa de Ávila suspiraba de este modo: ...Esta divina prisión del amor con que yo vivo ha hecho a Dios mi cautivo, y libre a mi corazón; y causa en mi tal pasión ver a Dios mi prisionero, que muero porque no muero...
Por entonces otro enamorado loco, San Juan de la Cruz, exclamaba: ...Buscando mis amores, iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras... Decid si por vosotros ha pasado el Amado... Pasó por estos sotos con presura, con su sola figura vestidos los dejó de su hermosura... Nuestro lecho florido, de cuevas de leones enlazado, en púrpura tendido, de paz edificado, de mil escudos de oro coronado...
Pero hace casi 3.000 años se escribían trovas tan magnificas como esta del Cantar de los Cantares referida a la preparación y a la semana que siguió a la boda del Rey Salomón y la Reina Sulamita: ...Porque mejores son tus amores que el vino. Porque fuerte es como la muerte el amor. Porque las muchas aguas no podrán apagar el amor... Que me bese con besos de su boca, son mejores que el vino de tus amores... Ha bajado mi amado a su jardín... Yo soy de mi amado y mi amado es mío, el pastor de azucenas...
Mucho es lo que se ha escrito sobre el amor, ese amor que es la catarsis pujante que nos transforma en seres sencillos y a la vez superiores, ese amor que hace que nuestros corazones se desarmen y se recompongan al lado de otras personas, es amor, ese mismo amor que es el de madre, hijo, hermana, esposa, amigo... Ese amor que incita a transformar el mundo... Ese que a veces no es correspondido, pero el amor no es amado. Amor que nos hace ser radiantes y luminosos, amor que es paz y paciencia, ternura y resignación, comprensión... Amor que no perdona porque nunca se ofende; amor que no admite disculpas porque nada percibe como tortuoso. Amor que por esencia y genética estamos obligados a entregar y a derramar en nuestro entorno, pero que pocas veces se hace porque invertimos el amor hacia nuestro interior y lamentablemente nos queremos nosotros, solamente a nosotros mismos; y en vez de esparcir amor regamos odio, desconfianza, expulsamos nuestros miedos y los proyectamos hacia los demás y finalmente en vez de derramar amor, derramamos dolor y provocamos el llanto.
He querido publicar este artículo “Tristeza de amor”, no porque el amor sea triste; es como si hubiera dicho “Tristeza de alimentarse”... Porque habiendo tanto alimento no es comprensible que haya quien pase hambre... Porque habiendo tanto amor en cada ser humano, es incomprensible que haya quien pase hambre de amor, no importa que sea gratis, no importa que sea algo natural que se nos escape por los poros, no importa ya nada... Nos cuesta trabajo dar los buenos días, ¿cómo no nos va a costar trabajo dar una sonrisa? abrir la mano y dar amor. Cuanto más nos alejemos del oasis, más difícilmente podremos dar agua al sediento que balbucea perdido en medio del desierto... antes se evaporará el agua e incluso sentiremos sed y nos la acabaremos tomando nosotros. Cuanto más nos alejamos de Dios, más ignoramos lo que es amor, antes se nos evapora la pasión y el sentimiento e incluso concluiremos entregando ese amor exclusivamente a nosotros mismos, evocando ese manido, admirado y pernicioso epíteto que se conoce como “amor propio”. No digo que estando lejos de Dios no pueda existir amor, digo simplemente que ante un golpe de sed, la lejanía de la fuente es algo que podría resultar molesto, enojoso, monótono, tedioso y a veces insoportable.
He de hablar de Tristeza de Amor, porque nuestras vecindades, galerías, ciudades, continentes no son lugares por los que mane el amor como el agua de la lluvia. Más bien estamos en sequía progresiva, que nos inhibe inexorablemente de los más primarios y esenciales valores humanos, los que nacen de nuestro corazón, de nuestro intelecto y de nuestra alma y que ahogamos e impedimos que fluyan obstruyendo y vetando su fluir natural.
Jesús Gil Benítez
Pero vamos a complacer a nuestros críticos y vamos a hablar del amor, fuente de alegría para todos y cuna de tristeza para quien ni lo tiene, ni lo ha tenido, ni probablemente lo tenga. Perdón por el punto triste pero no nos podemos conformar con hacer de la vida una película cuyo guión está escrito a nuestro antojo.
Años ha, en 1967 una hermoso tema de Manuel Alejandro, en boca de Raphael sonaba así: ...Hablemos del amor una vez más, que es toda la verdad de nuestra vida... ¿Que nos importa aquella gente que mira la tierra y no ve más que tierra?...
Por entonces, quizá algún año después, Agnes Gonxha Bojaxhiu, más conocida como Teresa de Calcuta decía: ...Ama hasta que te duela. si te duele es buena señal... el amor para que sea auténtico debe costarnos...El fruto del amor es el servicio...La paz y el amor comienzan con una sonrisa...
Un poquito anterior en el tiempo es Mahatma Gandhi que vivió para transformar el mundo y lo consiguió, estos son algunos de sus recuerdos: ...El amor es la fuerza más humilde, pero la más poderosa de que dispone el mundo... El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás el mismo respeto que se tiene por la propia... El amor es aquello que dura el tiempo exacto para que sea inolvidable...
Algunos años antes otra Teresa, Teresa de Ávila suspiraba de este modo: ...Esta divina prisión del amor con que yo vivo ha hecho a Dios mi cautivo, y libre a mi corazón; y causa en mi tal pasión ver a Dios mi prisionero, que muero porque no muero...
Por entonces otro enamorado loco, San Juan de la Cruz, exclamaba: ...Buscando mis amores, iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras... Decid si por vosotros ha pasado el Amado... Pasó por estos sotos con presura, con su sola figura vestidos los dejó de su hermosura... Nuestro lecho florido, de cuevas de leones enlazado, en púrpura tendido, de paz edificado, de mil escudos de oro coronado...
Pero hace casi 3.000 años se escribían trovas tan magnificas como esta del Cantar de los Cantares referida a la preparación y a la semana que siguió a la boda del Rey Salomón y la Reina Sulamita: ...Porque mejores son tus amores que el vino. Porque fuerte es como la muerte el amor. Porque las muchas aguas no podrán apagar el amor... Que me bese con besos de su boca, son mejores que el vino de tus amores... Ha bajado mi amado a su jardín... Yo soy de mi amado y mi amado es mío, el pastor de azucenas...
Mucho es lo que se ha escrito sobre el amor, ese amor que es la catarsis pujante que nos transforma en seres sencillos y a la vez superiores, ese amor que hace que nuestros corazones se desarmen y se recompongan al lado de otras personas, es amor, ese mismo amor que es el de madre, hijo, hermana, esposa, amigo... Ese amor que incita a transformar el mundo... Ese que a veces no es correspondido, pero el amor no es amado. Amor que nos hace ser radiantes y luminosos, amor que es paz y paciencia, ternura y resignación, comprensión... Amor que no perdona porque nunca se ofende; amor que no admite disculpas porque nada percibe como tortuoso. Amor que por esencia y genética estamos obligados a entregar y a derramar en nuestro entorno, pero que pocas veces se hace porque invertimos el amor hacia nuestro interior y lamentablemente nos queremos nosotros, solamente a nosotros mismos; y en vez de esparcir amor regamos odio, desconfianza, expulsamos nuestros miedos y los proyectamos hacia los demás y finalmente en vez de derramar amor, derramamos dolor y provocamos el llanto.
He querido publicar este artículo “Tristeza de amor”, no porque el amor sea triste; es como si hubiera dicho “Tristeza de alimentarse”... Porque habiendo tanto alimento no es comprensible que haya quien pase hambre... Porque habiendo tanto amor en cada ser humano, es incomprensible que haya quien pase hambre de amor, no importa que sea gratis, no importa que sea algo natural que se nos escape por los poros, no importa ya nada... Nos cuesta trabajo dar los buenos días, ¿cómo no nos va a costar trabajo dar una sonrisa? abrir la mano y dar amor. Cuanto más nos alejemos del oasis, más difícilmente podremos dar agua al sediento que balbucea perdido en medio del desierto... antes se evaporará el agua e incluso sentiremos sed y nos la acabaremos tomando nosotros. Cuanto más nos alejamos de Dios, más ignoramos lo que es amor, antes se nos evapora la pasión y el sentimiento e incluso concluiremos entregando ese amor exclusivamente a nosotros mismos, evocando ese manido, admirado y pernicioso epíteto que se conoce como “amor propio”. No digo que estando lejos de Dios no pueda existir amor, digo simplemente que ante un golpe de sed, la lejanía de la fuente es algo que podría resultar molesto, enojoso, monótono, tedioso y a veces insoportable.
He de hablar de Tristeza de Amor, porque nuestras vecindades, galerías, ciudades, continentes no son lugares por los que mane el amor como el agua de la lluvia. Más bien estamos en sequía progresiva, que nos inhibe inexorablemente de los más primarios y esenciales valores humanos, los que nacen de nuestro corazón, de nuestro intelecto y de nuestra alma y que ahogamos e impedimos que fluyan obstruyendo y vetando su fluir natural.
Jesús Gil Benítez

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