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jueves 16 de junio de 2011

LOS ANCIANOS, Otra cuestión más de amor

En la práctica totalidad de países existe una legislación relativa al cuidado infantil, a la especialización hacia este colectivo. En unos territorios es llevado y determinado con excelente pulcritud y en otros lugares no pasa de ser una mera declaración de buena voluntad, pero casi nula en la práctica. En cualquier caso lo que sí parece evidente es que todo el mundo presta cierta atención a la infancia, por su debilidad, carencias, deficiencias, nutrición, mantenimiento, educación, desarrollo, sanidad... y como no, por su capacidad de consumir y de ser potenciales devoradores de recursos.


Lo que no parece tan evidente es que las sociedades antiguas, modernas y postmodernas presten tanta atención hacia los ancianos. si bien es cierto que en numerosos países se han dado avances significativos, aun queda mucho más por hacer, que lo que se haya podido hacer hasta ahora. En definitiva los ancianos no tienen la importancia, para la sociedad industrial, neoliberal, utilitarista y pragmática, que debiera tener cualquier ser humano, tenga la edad que tenga.


La sociedad industrial ha generado una compleja serie de situaciones anómalas y aberrantes, tales como: Crueles y dilatadas jornadas laborales; privación al trabajador de ocio, tiempo libre, educación y formación; involución hacia el arte y la estética; supresión ideológica... Todo esto no ha sido de repente, primero fue el tránsito de la familia tradicional hacia familias descentralizadas, independientes y dispersas. Después vino el menosprecio a la experiencia, en especial a la experiencia de los más mayores. La producción y el capital se erigen como factores preponderantes. La situación económico-social de la persona es el elemento diferenciador, pasando la cultura y las artes a segundo plano. El aumento de la sociedad urbana, las nuevas tecnologías y el obsesivo incremento de la productividad se impone. Se implanta velozmente, se revitaliza y se erige como nuevo dios el consumismo y la competitividad. El deterioro del medio ambiente se intensifica y se asume como algo inherente al progreso. Se distancian los lazos familiares, de amistad, de convivencia y de coexistencia...


En medio de todo este vertiginoso cambio social, a los ancianos no se les asigna ningún significado, tan sólo que esperen plácidamente la muerte molestando lo menos posible; de ahí que se incrementen los cuidados médicos, residencias de ancianos, se creen cuatro lugares de acogida, se pacten vacaciones a bajo precio fuera de temporada... Pero, la cuestión es, refiriéndonos a los ancianos ¿A quién le importa el deterioro psicofísico o la baja capacidad de adaptación al nuevo modelo social? ¿Quién se preocupa por las acostumbradas pocas disponibilidades económicas? ¿O por el asilamiento familiar o de comunicación? A todas estas preguntas aun se dan algunas muy tímidas respuestas, como digo, para que el anciano moleste lo menos posible. Claro que no sabemos muy bien quien es anciano, ¿El jubilado, el enfermo mayor de 60 años, el sano mayor de 80? ¿El enfermo grave ya jubilado...? ¿Quién es anciano?


Pero mi gran planteamiento es: En una sociedad hostil, ¿por qué no se dan respuestas integrales a las personas que edificaron a lo largo de sus años la nación, la ciudad, el barrio, el bienestar del que yo disfruto? No es suficiente, con decir que tenemos hogares de pensionistas, tímidas leyes de dependencia, medicamentos gratuitos, costosas residencias de ancianos, parques para que tomen el sol...


Hay que solucionar problemas endémicos tales como que el 33% de los mayores sufra malnutrición, La mayoría de ellos viven solos, padecen enfermedades crónicas y perciben pensiones vergonzosas y vergonzantes, que les impiden mantener una vida mínimamente digna. (Fuente: Consejo General de Colegios de Farmacéuticos, y el doctor José Antonio Serra, jefe de Geriatría del hospital Gregorio Marañón de Madrid).


Es cierto que hay muchos países peores que España, hay lugares que los ancianos son peor tratados que un perro, pero esto no es un consuelo, debemos tratar de compararnos con los mejores y no con los peores, aspirar a más, exigir que toda persona viva con dignidad. España es uno de los países con más ancianos de la Unión Europea. Algo debe ocurrir cuando según un estudio realizado por la Universidad de Santiago de Compostela, afirma que cada año, en España, más de 1000 personas mayores de 65 años se suicidan. ¿Tendrán bienestar los ancianos? ¿Le preocupa a alguien la felicidad de los ancianos?


Y ahí va una batería de preguntas, referidas a los mayores, a los ancianos, que casi nadie se plantea, ni gobiernos, ni políticos, ni prebostes sociales, ni capitalistas, ni ecologistas, ni periodistas, ni clérigos ni prelados, entre otros muchos:


¿Están suficientemente protegidos, sanitaria y socialmente?, ¿Es habitual que los gerontólogos traten a todos los ancianos como el pediatra atiende a los bebés?, ¿Existe preocupación gubernamental y social por sus necesidades: Alimentación, movilidad, descanso, barreras arquitectónicas, comunicación, promoción social, cultural, autoestima, sexualidad...?, ¿Se les aplican terapias sistemáticas y habituales referidas a sus cambios biológicos, modificaciones celulares, alteraciones de sus capacidades intelectuales, del carácter y de su personalidad?, ¿Alguien o alguna institución gubernamental se preocupa y desarrolla programas referidos a sus necesidades nutricionales y alimentos recomendados?, ¿Existe algún tipo de inquietud referida a su capacidad de comunicación y expresión del desarrollo de actividades psicomotrices, cognitivas e incluso espirituales?, ¿Disponemos de una legislación eficaz y eficiente que cubra y de respuesta a todos los supuestos y necesidades de los ancianos y que imperiosamente respete sus derechos?


La respuesta viene a ser, que NO A TODO, porque no generan recursos, ni tienen ya porvenir, apenas consumen; por tanto parece que lo mejor, como muchos propugnan es la eutanasia o convertirlos en jabón, al fin y al cabo sólo son viejos...


Un día le dije a Jesús de Nazaret ¡vaya problema que tenemos con los ancianos! ¿Qué podemos hacer, porque los poderosos y los que gobiernan no hacen casi nada? Él me respondió: No es cuestión de poderosos ni de políticos, porque éstos son incapaces de gobernar desde la compasión y el amor a los demás, de ellos no se espera amor, pero sí de vosotros que no sois poderosos, que incluso sois mediocres. Quizá desesperáis porque vuestros padres, familiares, conocidos, están viejos y son una intromisión en vuestras vidas, una vergüenza para presentarlos en sociedad. Pensáis que es mejor esconderlos encerrarlos, internarlos. Pero ahora es el momento de reflexionar y crecer en el amor. El problema no son ellos, sois vosotros que habéis olvidado lo que es amar, se han vuelto duros vuestros corazones. Con frecuencia, los ancianos, derraman la comida, se les cae de la boca, no saben atarse los zapatos, les cuesta expresarse y hablar, siempre repiten lo mismo, tienen manías... Pero así fuimos todos de bebés y ellos nos amaron y llenos de paciencia nos ayudaron. Quizá no entienden nada de lo novedoso y además se hacen sus necesidades encima, es lo que nos ocurrió a nosotros de pequeños y nos amaron y nos miraban con dulzura. A veces gritan y son insoportables, al igual éramos nosotros cuando llorábamos y balbuceábamos y ellos todo lo soportaron con amor. Utilizad, ahora, a vuestros ancianos para liberaros de tanta atadura y entrar en la madurez del amor. Aprendamos, a la luz de Dios, a interpretar a nuestros mayores y a llenarnos mutuamente de paz.


Jesús Gil Benítez.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

hipocresia