LA DESGRACIA DE SER NIÑOS
Entre los numerosos grupos de marginados que hay en el mundo, hay dos que especialmente destacan: La tercera edad, de la que hablaré próximamente en otro artículo y la infancia, niños o niñas, no hay excesiva diferencia, tan sólo algunas ligeras cuestiones contextuales al sexo. Aproximadamente en nuestro mundo hay 2.200 millones de niñas y niños y sobre ellos se han escrito no ríos, sino océanos de tinta sin que apenas nada haya cambiado, pero no por esa indiferencia y abulia vamos a cejar en el empeño de denunciar y luchar por conseguirles una vida mínimamente decente de forma inmediata para llegar a la vida digna que todo ser humano merece como derecho inalienable. La verdad es que no se por donde comenzar, ni como en unas breves líneas decir todo lo que quiero reseñar.
El título casi resume todo lo que quisiera plantear, porque si hay un lugar donde la esclavitud se exacerba es en la infancia; en 2011 el número de niños esclavizados es de 400 millones, otros son explotados vilmente como trabajadores con paupérrimos salarios y jornadas extenuantes. El 10% de los niños trabajan en situación penosa y la inmensa mayoría lo hacen en tareas peligrosas o nocivas; tan sólo citaré un ejemplo, en Honduras niños de 6 y 8 años cosechan café.
La prostitución infantil, ese otro estigma que afecta a todos los países del mundo, no dispongo de datos totales a nivel mundial, pero por manejar algún dato concreto baste decir que de lo que se conoce, hay dedicados a la prostitución infantil en la India 400.000 menores, en Pakistán 40.000, en Filipinas 60.000, en Sri Lanka, 30.000, en Taiwan 100.000, en Tailandia 800.000, en Vietnam 200.000, en Brasil el número de prostitutas niñas supera al de las adultas, en Cuba lo iguala... De Europa, EE.UU, Canadá, Japón, de esos países tan cultos y progresistas surge con ahínco y virulencia el consumismo de la prostitución y pornografía infantil.
Cada día mueren en nuestro planeta 4.500 niños por falta de agua o saneamiento, téngase en cuenta que todavía viven 1.100 millones de personas sin acceso al agua y 2.600 millones de seres humanos carecen de retretes, letrinas o algún tipo de canalización o alcantarillado. Hablamos de la sed, pero si nos referimos al hambre y según datos de la FAO un niño muere en el mundo cada seis segundos, hay hambre cuantitativa (quien simplemente apenas ingiere alimentos) y cualitativa (quien se alimenta poco y mal) desnutriciones endémicas, diarreas de diversa etiología, avitaminosis habituales, deshidratación permanente, hipoglucemias recurrentes... Todo ello afecta en un 80% más a los niños que a los adultos.
La mortalidad se ceba también de una feroz manera con la infancia, pero selectivamente, mientras que en Noruega o Islandia la tasa promedio de mortalidad infantil, para menores de 5 años según el Informe de Desarrollo Humano es de 3 niños por cada mil, en Nigeria este índice de mortalidad infantil alcanza a los 262 niños por cada mil; en Haití 118 por cada mil y en Yemen 113 por cada mil. En todo esto influye, como no el ser víctimas de esas enfermedades olvidadas en el mundo a las que la Industria farmacéutica ignora por baja rentabilidad y los gobiernos ricos desdeñan porque no son frecuentes en el primer mundo: Dengue, lepra, elefantiasis, mal de Chagas, gusano de Guinea, úlcera de Buruli, enfermedad del sueño, equinococosis, ceguera de los ríos, filariasis, leishmaniasis, sarna... También son víctimas frecuentes los niños en esos bombardeos salvajes sobre población civil que se efectúan en nombre de la ONU o de la OTAN. Sobre los niños soldado, se desconoce con cierta precisión su número pero se barajan cifras que lo fijan entre 500.000 y 1.000.000 en todo el mundo, niños principalmente entre los 10 y 16 años.
En lo referente al maltrato infantil, plasmaré, tan sólo, algunas cifras escalofriantes, de países desarrollados facilitadas por la BBC: En Méjico el número de niños y niñas maltratadas severamente asciende a 25.000 cada año, aproximadamente al 50% niños y niñas. En Estados Unidos, el número de niños y niñas muertos por abuso, maltrato o negligencia, de promedio oscila entre los 1000 y 1100 cada año, el 77% de estos tiene menos de tres años. En Uruguay el 20 de todos los niños maltratados tiene entre tres y cinco años y un 8% es menor de tres años. Casi 5.000 niños mueren al año por maltrato físico; Estados Unidos, Méjico y Portugal son los países con mayor índice de mortalidad por maltrato infantil de 10 a 15 veces más que en el resto de las naciones desarrolladas. Bélgica, Francia, Hungría, Nueva Zelanda y la República Checa son países en donde el maltrato infantil es entre cuatro y seis veces superior a la media. España, Grecia, Irlanda, Italia y Noruega registran una incidencia excepcionalmente baja de muertes producidas por maltrato infantil. Aquí incluimos lógicamente el maltrato psicológico. Otro aspecto del maltrato sería el abandono por parte de sus progenitores, en el caso de los padres en todo América excepto Canadá, las tasas de abandono paternales son escandalosas y en menor medida las maternales, pero también frecuentes. La falta de escolarización total o parcial es alarmante, la no inscripción de hijos en los registros civiles, la venta de los propios hijos, el tráfico de niños y niñas para sexo, para esclavitud o para ser utilizados como cobayas y extraerles órganos destinados a trasplantes clandestinos...
No me quiero extender más como pequeña muestra vale lo que antecede, pero en efecto es una desgracia ser niño. Porque la maldad de unos lo propicia, la ignominia de otros lo promociona y la indiferencia y omisión de todos lo fecunda y protege. Una vez más he de afirmar que tenemos la grave responsabilidad moral y social de perseguir, denunciar y erradicar todas estas lacras.
Jesús Gil Benítez.

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