Si quieres añadir un comentario, pincha sobre el título de este artículo:

viernes 24 de junio de 2011

El juego, la vergüenza de lo legal

No he querido dejar pasar la ocasión para hablar, aunque sea brevemente, de otra de las grandes vergüenzas que irrumpen en los estados y muy en concreto en España. Me estoy refiriendo al juego legal. Es muy importante hacer la apostilla de “legal” ya que el juego ilegal, está prohibido, perseguido, condenado y penado. La principal característica que distingue al juego legal del ilegal, es que tenga licencia de funcionamiento como juego y que pague cuantiosas tasas a la hacienda pública. No parece haber otros criterios morales a tener en cuenta, ni otros aspectos sociales sobre el juego. Por ello quiero hacer especial hincapié en la lacra que supone el juego en general, más grave si es legal porque se ejerce con el beneplácito y legitimidad que le otorgan las leyes vigentes en materia de juego, el poder ejecutivo que lo legisló y el poder judicial que lo defiende. Luego si una actividad es una degradación y un estigma social, quienes tan férreamente lo defienden desde los poderes públicos, ignoro que calificativo podría aplicárseles pero desde luego nunca el de ético, honorable ni honesto.


El juego es una actividad de orden físico o mental, no impuesta, que no busca ningún fin utilitario y a la que uno se entrega para entretenerse, divertirse y obtener placer, puede ser educativo. Muchos juegos ayudan a desarrollar las habilidades prácticas y psicológicas.


El juego del que quiero hablar aquí es distinto, no es una actividad física ni mental, viene casi impuesta bien por hábito excesivo y fuerte dependencia o incentivada y propugnada por el estado, busca un fin -ganar mucho dinero en un plazo de tiempo muy breve-, la mayoría de las veces no produce placer, sino disgusto y frustración, no es educativo, no desarrolla ninguna habilidad, más bien las inhibe. Fomentado por los poderes públicos que incitan y publicitan el juego (Loterías y Apuestas del Estado) ven con beneplácito al resto de juegos legalizados (bingos, casinos y tragaperras) que son una excelente fuente de recaudación de impuestos.


Solamente entre Loterías y apuestas del Estado y la ONCE aparecen 16 tipos de loterías. Muchas de estas se celebran a diario, a veces con premios de millones de euros, algunos con unas probabilidades de poder acertar de una entre cien millones, pero es suficiente la carnaza para esquilmar los bolsillos de la gente desesperada que busca una solución a sus precarias economías mermadas por el pago de hipotecas millonarias y préstamos encadenados que probablemente nunca terminarán de pagar. A esto hay que añadir el juego privado: Casinos, bingos y máquinas tragaperras. El total jugado incluyendo Loterías y Apuestas del Estado, ONCE y juegos privados, asciende anualmente en España a cerca de 30.000 millones de euros. A estos importes les corresponde la siguiente distribución:

  • Casinos...........................6%
  • Bingo ............................15%
  • Tragaperras ................. 30%
  • Loterías del Estado....... 37%
  • ONCE ............................12%

Relativo al juego privado el gasto se distribuye entre: 37 casinos, 447 Salas de Bingo y 63.969 Tragaperras.


Obviamente nada importa, si es o no ético, ni moral, si en muchos casos es la desgracia de personas y familias, si genera endeudamiento, ludopatías... Promueve la cultura del pelotazo, el dinero fácil. El juego empobrece y explota al individuo y a la sociedad, enriquece al estado sobre todo y en parte al inmoral que explota estos juegos. Crean la expectativa de ser rico y eso es la solución a todos los males en nuestra sociedad llena de podredumbre. Es además amoral ya que financia un estado inmoral.


La legalización del juego es una política social equivocada. El juego legal daña más a los pobres y desvalidos. Nadie conoce los costos sociales del juego o cuántos jugadores se harán adictos. Los gobiernos debieran promover la virtud pública en vez de seducir a sus ciudadanos a practicar un vicio auspiciado por el estado. Una vez más la postura moral de los gobiernos queda fuertemente comprometida.


Habrá quien piense que, en efecto, el juego de casinos, bingos y máquinas tragaperras, está mal, pero no así el de apuestas y loterías del estado; incluso se puede justificar aun más: un cupón de la ONCE, es una obra de caridad; las quinielas son deportivo benéficas; la lotería de Navidad es una tradición… Pues aunque la inmoralidad, el abuso y la insensatez se disfracen con hábitos de bondad no dejan de ser perversos, indecentes y deshonestos.


Es un resultado magnífico especialmente para una sociedad, como es la española cuyo volumen de endeudamiento doméstico se ha disparado en unos pocos años en un 180% y cuyo endeudamiento ha crecido hasta llegar al 110% de la renta disponible bruta de las familias.


La ludopatía Se trata de una adicción. Se trata de una enfermedad. Un estudio de la Universidad de Iowa, publicado en revista Psychiatry Research, establece que la ludopatía es un trastorno heredado genéticamente, acompañado en muchos casos de cuadros de alcoholismo, drogadicción e incluso fobia social. La investigación refuerza los resultados de estudios anteriores que alertaban de la existencia de bases fisiológicas en las ludopatías. De acuerdo con los investigadores, lo que se transmite no es la afición al juego, sino una impulsividad que en última instancia resulta autodestructiva. El profesor de psiquiatría Donald W. Black, de esta universidad, pone de manifiesto que: Datos científicos avalan la teoría de que cuantas más oportunidades de juego se ofrecen a la sociedad, mayor es la proporción detectada de ludópatas. Se estima que en España más de ochocientas mil personas en nuestro país son adictas al juego y necesitan tratamiento psiquiátrico para resolver esta adicción


El profesor de economía de la Empresa, Ross Wilhelm, de la Universidad de Míchigan, afirma que: Las loterías y los juegos de apuestas estatales son, básicamente, una estafa, y la legalización generalizada del juego constituye uno de los peores cambios en materia de política pública que ocurrieron en los últimos años. El carácter despiadado de los juegos manejados por el estado se agrava increíblemente si tomamos en cuenta que los gobiernos estatales publicitan y promueven los juegos y los ganadores.


Jesús Gil Benítez